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Yo Claudio: Los escollos del poder

“Que toda la ponzoña hundida en el barro salga a la superficie”

En 1976 la BBC estrenó la serie de televisión ‘Yo, Claudio’ dirigida por Herbert Wrise,  en ella se narra el ascenso al poder de Tiberio Claudio quien, en los últimos días de su vida, escribe la historia de su familia y de cómo el poder acabó con ellos.

Basada en las novelas “Yo, Claudio” y “Claudio, el dios y su esposa Mesalina” de Robert Graves, el guionista Jack Pulman con ayuda del propio Graves elaboró un guión que consta de trece capítulos en los cuales se plasman los mandatos de Augusto, Tiberio, el temido Calígula y Claudio que fue sucedido por el famoso Nerón.

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Un trabajo magistral en el que cada capítulo de 52 minutos de duración repasa de forma exhaustiva todo lo relacionado con los asuntos de estado del inicio de la Roma imperial así como las intrigas que se fraguaban en el interior del palacio entre los miembros de la familia Julia-Claudia  – la primera de una larga lista de dinastías – bajo cuyas manos se encontraba uno de los imperios más importantes de la historia; el romano.

Un momento histórico crucial

Tiberio Claudio César Augusto Germánico más conocido como Claudio, fue emperador de Roma desde el año 41 al 54 d.C. Su mandato fue bien recibido por el pueblo romano, que se encontraba en una difícil situación tras haber padecido la tiranía de Tiberio y posteriormente la de Calígula.  En Claudio encontraron la estabilidad político-social que tanto anhelaban, así como la expansión territorial de un imperio que no había alcanzado tal prosperidad militar desde el reinado de su primer emperador, Augusto.

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Claudio fue el tercero de los hijos que tuvieron Druso el Mayor y Antonina la Menor así como nieto de Marco Antonio y Octavia. Considerado como hijo adoptivo de Augusto, se crió en el palacio imperial donde fue testigo de toda clase de intrigas, la mayoría de ellas llevadas a cabo por su abuela adoptiva Livia, la cual no tenía reparos en recordarle una y otra vez lo imbécil que le resultaba.

Cojo y tartamudo, tanto su familia como la aristocracia lo consideraban un incapaz – hecho que seguramente se convirtió en su seguro de vida en ese mar de tiburones en el que nadaba – por lo que nunca fue considerado por Augusto como un posible sucesor. Debido a su problema en el habla le costaba relacionarse con los demás por lo que pasó gran parte de su juventud estudiando, lo que le proporcionó una vasta cultura, ya que Claudio además de político fue historiador.

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Al cumplir los diecisiete años sus problemas de tartamudez cesaron y debido a su talento en la oratoria llamó la atención de Augusto que comenzó a cuestionarse su teoría sobre la falta de inteligencia del joven Claudio y su posible futuro en la política; ese fue el inicio del fin.

Un reparto excepcional

El éxito de una serie no solo recae en un buen guión o buena dirección, si no en un elenco de actores que sepan interactuar entre si y consigan que el espectador conecte con los personajes; ‘Yo,Claudio’ supera con creces todos esos requisitos. El reparto se compone de numerosos actores de teatro británicos, entre los que destacan Derek Jacobi (Claudio), Brian Blessed (Augusto), Siân Phillips (Livia) y John Hurt (Calígula).

Los capítulos plasman la vida del emperador tartamudo, desde su infancia hasta su muerte, a través de la figura de un Claudio anciano que, encerrado en sus aposentos, escribe la historia de su familia al acecho de sus enemigos que planean envenenarle. Cada episodio va narrando de forma gradual las diferentes conspiraciones que se llevan a cabo en la familia imperial a lo largo de cuatro mandatos de distintos emperadores, así como las reflexiones que el anciano Claudio hace al observar el pasado.

La genialidad de esta serie radica en que no pierde en ninguno momento ni un ápice de intensidad, mantiene a lo largo de sus trece capítulos el pulso narrativo, hecho que, en mi humilde opinión, es meritorio. Además, pese a contar con un bajo presupuesto sabe plasmar de forma exquisita la cultura romana de la época, así como las extravagancias llevadas a cabo por la aristocracia y las ansias de poder de diferentes miembros del senado y de la guardia pretoriana.

El trabajo de Derek Jacobi es sublime, consigue transmitirnos a un Claudio inseguro y confiado en su edad más temprana, pasando por una visión más madura en la que intenta mantenerse al margen del revuelo palaciego, hasta culminar en la vejez, en la que la desidia y el descontento le hacen refugiarse en el vino y la escritura.

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Mención especial merece Brendan Blessed que representa a un Augusto sencillo y cercano que intenta mantener la unidad de su familiar a la par que el imperio. No obstante, también se puede atisbar un lado cruel y de máxima rectitud en los momentos en los que destierra sin temblarle el pulso a su hija Julia y posteriormente a su hijo adoptivo Póstumo.

Calígula, el emperador más temido

Probablemente uno de los mejores momentos de la serie sea el que abarca el mandato de Calígula, el famoso emperador conocido por sus prácticas incestuosas con su hermana Drusila, así como por ejercer con suma crueldad la violencia durante los cuatro años en los que fue emperador.

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Interpretado por el carismático actor John Hurt, nos encontramos una figura del emperador que cabalga entre el humor ácido y la más absoluta repulsión.  El tándem interpretativo que forma con Jacobi da lugar a escenas memorables, como la del baile que le ofrece a su tío vestido de diosa y en el cual participa la que será futura esposa de Claudio; Mesalina.

Un retrato de uno de los mayores tiranos de la historia que no deja indiferente ya que Hurt sabe cómo plasmar la bipolaridad latente en su personaje y hacernos pasar de la risa al asombro en menos de un segundo.

“El veneno es la reina, perversa mujer”

Las féminas juegan un papel indiscutible en la serie. En este caso las mujeres que rodean a Claudio son, en su mayoría, caprichosas, crueles, ambiciosas y libertinas – en este último caso la que se llevó el gato al agua fue precisamente su tercera esposa Mesalina – pasan sus días en el palacio imperial lo que da lugar a que también tengan tiempo para planear un sinfín de intrigas bajo la famosa excusa de “es por el bien de Roma”.

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Y aquí me detengo para hablaros de él que es sin duda uno de mis personajes favoritos, y seguramente se convertirá en el tuyo si aún no has visto la serie. Se trata de Livia, esposa del emperador Augusto e interpretado de forma magistral por Siân Phillips.  Malvada, manipuladora, despiadada y codiciosa, siempre consigue lo que se propone. Seguramente una pieza fundamental en la primera parte que conforma la serie ya que bajo sus intrigas se encuentra el peso argumentativo de ésta. Como sucede con Hurt, el duelo interpretativo que forma con Jacobi es excepcional e incluso con el propio John Hurt en la escena en la que se encuentran Livia,Claudio y Calígula y ésta mira a su nieto como a un igual y le llama monstruo. 

Claudio, el emperador burlado

Lo de Claudio parece sacado de una comedia griega pero, sin embargo, es una historia real. Considerado durante todo su vida un idiota; nadie le tuvo en consideración y se convirtió en un mero espectador de las atrocidades que cometía su familia. Testigo de cómo se destruían los unos a los otros, tras la muerte de Calígula la guardia le encontró escondido tras una cortina y entre mofas fue nombrado César.

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Ahí comienza el reinado de Claudio, el tartamudo del que todos se reían y en el que nadie confiaba y que, sin embargo, regaló a Roma nada más y nada menos que la conquista de Britania. Inteligente y astuto supo percibir el engaño entre sus consejeros y las intrigas entre sus enemigos. Llegado el fin de sus días le quedó el consuelo de obrar fiel a sus ideales republicanos y, tal y como le dijo Sibila “soñaras una historia completamente distinta”.

Arte en la pequeña pantalla

‘Yo, Claudio’ se realizó en una época en la que las producciones de esa envergadura no eran habituales en la televisión. Una serie que retrata la vida en uno de los imperios más importantes de la civilización y cuyo legado ha llegado a nuestros días, un repaso por la historia y las confabulaciones de la familia Julia-Claudia y un reflejo de que al final el mal, la perversión y la codicia pervierten al ser humano pero a veces, solo a veces, la razón se abre paso de forma triunfal.

https://youtu.be/r60iP9s78bE
Yo Claudio: Los escollos del poder
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Fotógrafa y apasionada del cine


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