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Silencio: En los lindes de la fe

Que importante es creer en algo, encomiarse de forma ciega a una convicción que nos aporte esperanza cuando la descorazonadora vida nos presenta todo como perdido. Probablemente las creencias sean la forma de supervivencia más primitiva del hombre, esa necesidad de saber que nuestra existencia tiene un sentido y que el motivo por el que estamos vivos va más allá de una simple explosión cosmológica.

No obstante, no nos preparan para el desengaño, no estamos instruidos en las artes de la desesperanza. ¿Qué hacer cuando nuestras creencias ya no nos consuelan y en su lugar solo nos ofrecen un rumor afásico? Es, en ese momento, cuando una se cuestiona en una auto confesión las cuestiones más sinceras y profundas que habitan en su interior.

El Scorsese más personal

Ir al cine a ver una película de Martin Scorsese casi siempre resulta una apuesta segura. El director italoamericano, que comenzó sus andanzas cinematográficas en el revolucionario New Hollywood, ha madurado su estilo a lo largo de su carrera, consiguiendo desmarcarse de esa temática de gánster y tipos sin escrúpulos a un estilo más maduro que navega en aspectos de mayor profundidad psicológica.

Tras volver al estilo rudo y fresco de sus inicios con El lobo de Wall Street(2013), en su último trabajo, “Silencio” (2016), una adaptación de la novela homónima del japonés Shûsaku Endô, narra el viaje de dos jóvenes jesuitas al Japón del siglo XVII para buscar a un compañero del que no se tienen noticias.

Con ese trabajo se cierra una trilogía sobre la religión que el director comenzó con “La última tentación de cristo” y prosiguió con “Kundun”. Un tema muy presente en la vida del realizador que, sin duda, nos muestra al Scorsese más íntimo en uno de sus proyectos más ambiciosos.

La disyuntiva de la fe

De la mano de la figura de los dos jesuitas, el padre Rodrigues (Andrew Garfield) y Garupe (Adam Driver), nos introducimos en el turbulento y tortuoso camino que han de recorrer para encontrar a su compañero, el padre Ferreira (Liam Neeson), mientras evangelizan a todos aquellos japoneses que quieren abrazar la fe católica y a su vez luchan contra la brutal persecución llevada a cabo por el gobierno Japonés.

Un viaje convulso donde se pone en entre dicho hasta qué punto merece la penar aferrarse a una creencia si en esta ya no hayas respuesta y de ello depende tu vida. Un vía crucis en el que la duda es la protagonista principal y de la cual es imposible huir, ya que la fe es precisamente eso; la confianza ante la incredulidad. Una postura casi romántica en la que la razón debe dejar paso a un sentimiento más profundo en el cual no puede intervenir.

Lo más interesante de toda la película es ver la evolución del padre Rodrigues, que comienza cargado de paciencia y comprensión hacia su dios, y acaba viendo como la religión que profetiza se convierte indirectamente en la sentencia de muerte para las personas. Un paralelismo idílico entre los sentimientos que Cristo vivió durante la pasión: la soledad ante la pérdida del credo ajeno y el dolor de sentir un abandono de su dios, de recibir como respuesta ese silbido helado y vacío. Como bien se recoge en un pasaje de la película “¿Le estoy rezando al silencio?”.

Es imposible no sentir cierto desamparo cuando haces algo de forma apasionada motivado por un convencimiento y llegado a los límites de está, comprendes que quizás el concepto que se ha tenido de ella se aleja de la crudeza que nos muestra la realidad; que no existe edulcorante posible para el latigazo de dureza con el que de vez en cuando nos golpea la vida.

La interpretación que Andrew Garfield – que está en estado de gracia esta temporada de premios – hace del padre Rodrigues, en mi opinión, es digna de una nominación y por supuesto de aplauso. La evolución de ese joven motivado que, en un inicio, persigue de forma firme e insaciable su camino para mostrar la fe verdadera a los pueblos no evangelizados y, sin embargo, al final observa a aquellos a los que pretendía acercar a sus creencias con verdadero estupor por comprobar que ellos, que vivieron educados en otra religión, tienen una fe mayor de la que él mismo goza.

Ese autoconvecimiento involuntario, adherido a las reflexiones que el personaje va realizando mientras el agotamiento mental y el dolor físico merman su interior, cargan de humanidad una película que podía haberse quedado nadando en la superficie de un viaje al interior de la duda subyacente que todo individuo tiene cuando sufre el desamparo de aquello que consideraba verdadero.

La fotografía preciosista de Rodrigo Prieto

Que Scorsese puede hacer cuanto se le antoje con la cámara es algo que todos sabemos, su cualidades técnicas le hacen ser uno de los grandes directores de los que gozamos en la actualidad.  No obstante, en la primera secuencia de “Silencio” ya sabes que te encuentras ante una obra en la que no puedes buscar el entretenimiento, es un ensayo filosófico sobre los límites de nuestras creencias y la capacidad del ser humano de mantener la fe pese a encontrarse perdido en un escenario desmoralizador.

Una película de ritmo lento y pausado en la que el director no se esfuerza por agilizar los sucesos de la trama, tomándose su tiempo para observar y analizar los sentimientos recónditos que van aflorando a lo largo del metraje en el interior del protagonista. Quizás de duración excesiva en su última parte, los esfuerzos de Scorsese por otorgarle un final a la altura de la obra hacen que se pierda en un circunloquio que a ratos se antoja tedioso.

Por otro lado, la fotografía de Rodrigo Prieto es digna de alabanza, nos muestra unos escenarios cargados de una neblina espesa que atrapa a los personajes y los sitúa en unos paisajes claustrofóbicos en los que poder vislumbrar más allá del horizonte se figura como una tarea imposible, haciendo así  una semejanza al caos de claridad presente en las ideas de sus personajes.

¿Hasta qué punto merece la pena?

“Silencio” es una película que nos muestra de forma descarnada hasta que punto merece la pena perseguir una creencia, renunciar a tu vida por encima de tus paradigmas y mantener la fe aun cuando la duda te hace replantearte hasta el sentido de tu propia existencia.

Un retrato cruel y realista de lo duro que es profundizar en el interior de tus convicciones y encontrar como respuesta la nada. El desamparo de un hombre ante la incapacidad de encontrar consuelo a su desengaño pero a la vez la necesidad de albergar, de forma intima hasta el fin de sus días, la pequeña esperanza de que aquello en lo que creyó con tanto ahínco era cierto.

https://youtu.be/hZC8aFGU2qg
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Comentarios

  • Entretenimiento8
  • Interpretaciones9
  • Banda Sonora5
  • El Final8
  • Aspectos Técnicos8
  • 7.6

    Score

    Una película donde nos encontramos con el Scorsese más íntimo. Increíble interpretación de Andrew Garfield, probablemente la mejor de su carrera hasta el momento.


Fotógrafa y apasionada del cine


One thought on “Silencio: En los lindes de la fe

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