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Los ríos de color púrpura: Cuando lo paralelo converge en un mismo punto

En el año 2000 y tras tres largometrajes a sus espaldas – entre los que destaca la maravillosa ‘Le Haine’(1994) – Mathieu Kassovitz se desvinculó de la línea que había seguido anteriormente y decidió probar suerte con un cine más comercial dirigiendo ‘Los ríos de color púrpura’, basada en la novela del mismo nombre del escritor Jean-Christophe Grangé.

La película narra las investigaciones llevadas a cabo por dos policías en un mismo lugar a 300 km de distancia. Pierre Niemans (Jean Reno) es un veterano teniente algo escéptico que se encuentra sumergido en la investigación del asesinato de un joven que trabaja en una reputada universidad de la región de Guernon, por su parte Max Kerkerian (Vincent Cassel) debe encontrar al responsable de la profanación de la tumba de una niña que murió atropellada en 1982.

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Aunque a priori ambos casos parecen no guardar relación, el conjunto de pistas y evidencias que ambos policías encontrarán a lo largo del camino hará que sus investigaciones confluyan llegando a una misma raíz.

Mathieu Kassovitz y un nuevo tipo de cine

Mathieu Kassovitz se había ganado una reputada fama gracias a la película ‘Le Haine’ (1994), que consiguió varios premios, entre los que destaca el de ‘Mejor Director’ en el Festival de Cannes y ‘Mejor Película’ en los César, además de ser considerada actualmente como una película de culto dentro del cine europeo de los noventa.

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Siguiendo una línea homogénea en sus tres primeros largometrajes – en los que las temáticas que tratan la diferencia racial, las críticas a un sistema injusto y la violencia proliferan – el cineasta francés decidió probar suerte con un cine más comercial y que se desmarcaba de lo que había hecho anteriormente. Aunque viendo sus trabajos anteriores, su decisión de dirigir ‘Los ríos de color púrpura’ puede que no fuese la más acertada, no hay que menospreciar el buen trabajo que realizó en la dirección de esta cinta.

Pese a que la película tiene una clara estructura de thriller, Kassovitz sabe rodearla de un halo de intriga y misterio que en ocasiones roza lo gore – como la escena de los títulos iniciales en la que podemos ver el minucioso recorrido que hace la cámara de un cadáver mutilado – además de impregnar el metraje de un marcado humor negro y de conseguir como resultado una película policíaca entretenida, cuya fotografía y manejo de la técnica son más que notables. No obstante, estos elementos en ocasiones se ven eclipsados por la clara intención del director de querer incluir escenas de acción que no encajan bien con el hilo argumental y el ritmo de la película.

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Si bien se ha comparado esta obra del cine francés con la aclamada ‘Seven’ (1997) de David Fincher, en mi opinión, no guardan una relación tan clara como en su momento se afirmó. Aunque tengan similitudes en ese matiz tenebrista que envuelve ambas películas, su parecido no va más allá de un mero aspecto estético.

‘Seven’ es un thriller englobado en una ciudad, donde el autor de los crímenes es un psicópata versado, y en el que la pareja protagonista es completamente opuesta. En este caso, se nos presentan dos historias paralelas; es precisamente en ese punto donde creo que Kassovitz hace un grandísimo trabajo, ya que agiliza el pulso narrativo y sabe encauzar ambas situaciones hasta el momento en que se encuentran. Además las personalidades de los protagonistas, aunque diferentes, guardan un cariz de rebeldía que otorga más emoción a la continuidad narrativa de la cinta.

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Uno de los aspectos que más me llama la atención es el aire callejero y de suburbio que rodea al personaje interpretado por Vincent Cassel. Pese a que Mathieu Kassovitz se ayuda de los paisajes nevados de los valles Alpinos y nos muestra escenarios tan dispares como una universidad, un convento o un bar de carretera, ese viso de película independiente presente en las anteriores obras del cineasta se deja entrever. Merece una especial mención la genial escena en la que recrea una clásica pelea de Tekken entre el policía Max Kerkerian y un grupo de skinheads.

Reno y Cassel, una combinación de éxito

Como suele suceder en la mayoría de los casos, un buen reparto bien dirigido puede hacer que una película pase de ser plana a notoria. En este caso, la elección de la pareja protagonista salva la película. Jean Reno y Vincent Cassel tiene una química que funciona muy bien con la relación que se entabla entre sus personajes; son las dos caras de una moneda que se unen en un arrebato de rebeldía y locura en los momentos de mayor tensión. Eso produce en el espectador una empatía que hace que no puedas despegar la vista de la pantalla, y es precisamente  uno de los aspectos más característicos del cine comercial; el pasmo en la audiencia.

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‘Los ríos de color púrpura’ no puede resultar aburrida, te mantiene en vilo y en casi ningún momento pierde fuelle, quizás como he dicho anteriormente en las forzadas escenas de acción deje de tener tanta emoción.  Por otro lado, el único fallo que veo es la resolución del argumento, el giro de guión que se da al final de la película es demasiado predecible, haciendo que la intriga disminuya y por tanto esperes ver un desenlace que prácticamente ya conoces, restándole interés.

La fotografía cumple pero la banda sonora no

La fotografía corrió a cargo de Thierry Arbogast, en mi opinión uno de los aspectos más notorios de la obra ya que el francés consigue crear una patina de colores y una armonía que la separan de una mera película policial de sobremesa y precisamente hace que podamos distinguirla de una película de acción estadounidense; le aporte el sello estético del cine europeo y más concretamente del cine francés. Hay que recordar que este veterano director de fotografía ha trabajado con grandes como Godard o Wenders , por lo que su participación en el proyecto fue una valiosa ventaja para el funcionamiento visual de este.cadavre-rivieres-pourpres

La banda sonora, sin embargo, no cumple con los requisitos necesarios para una película de este género. Mientras que la pieza que compuso Howard Shore para ‘Seven’ si sabe aportar algo a la trama y otorgarle un cariz de intriga, misterio y en ocasiones terror. La banda sonora compuesta por Bruno Coulais resulta tediosa, repetitiva y monótona; no aporta emoción y se limita a acompañar a las escenas como un suave eco en la lejanía.

Una película aceptable

‘Los  ríos de color púrpura’ cumple con lo que se espera de ella. Si quieres encontrarte con una obra maestra dentro del cine de suspense no lo busques en esta película porque no es lo que encontrarás. Estéticamente es correcta, las interpretaciones y dirección son notables dando como resultado una obra entretenida que te hará disfrutar durante su hora y media de duración pero que no ira más allá de ahí.

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No deja un poso de reflexión, ni tiene giros de guion inesperados; te mantiene asido a su trama para luego resolverla con un final predecible, sin jugar con el espectador y resultando todo demasiado obvio. No obstante, es una película que te hará pasar un buen rato y con la que disfrutarás.

Los ríos de color púrpura: Cuando lo paralelo converge en un mismo punto
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Comentarios

  • Entretenimiento7
  • Interpretaciones7
  • Banda Sonora4
  • El final2
  • Aspectos Técnicos6
  • 5.2

    Score

    Una película entretenida que cumple con lo que se espera de ella. No obstante el final podría haberse resuelto de una manera menos obvia.


Fotógrafa y apasionada del cine


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