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Barry Lyndon: los escabrosos senderos de la suerte

Antes de consagrase con La naranja mecánica” (1971), una de sus películas más emblemáticas, Kubrick llevaba tiempo sopesando la idea de llevar a la gran pantalla la vida de Napoleón Bonaparte, proyecto que finalmente no pudo fraguarse por dificultades con las productoras. No obstante, mientras investigaba acerca de la vida del emperador francés, el director neoyorkino encontró una novela de William Makepeace Thackeray llamado “La suerte de Barry Lyndon” cuyo argumento daría lugar a la primera película de época del cineasta.

La película nos narra las peripecias llevadas a cabo por un joven irlandés llamado Redmond Barry perteneciente al seno de una familia de clase media de la Irlanda del siglo XVIII. Tras sufrir una decepción amorosa y retar en duelo al capitán del ejército, Edmund se ve obligado a huir en busca de una suerte mejor que la que le ofrecía su Irlanda natal.

A partir de ese momento seremos testigos de la ascensión que el bueno de Barry vivirá tras pasar por numeras situaciones, desde ser miembro de honor en el ejército inglés, hasta especialista en el juego de las cartas, pasando por espía del ejercito prusiano. Sin embargo, su estrella cambia definitivamente cuando conoce a una joven miembro de la alta burguesía inglesa llamada Lady Lyndon que pronto enviudará de su marido y se convertirá en su esposa.

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La codicia es una amiga caprichosa pues puede derrumbar nuestro sistema de valores y convertirnos en seres despreciables y mezquinos. En el caso de Barry, ya convertido en Barry Lyndon, las ansias de poder son tales que, cegado ante su codicia, comenzara a mostrar un carácter descortés, arrogante y tremendamente frívolo que hará que se gane la antipatía, no solo de su hijastro, si no la de muchos miembros de esa alta burguesía a la que tanto ansiaba pertenecer.

Técnicamente perfecta

De extensa duración, tres horas y siete minutos, “Barry Lyndon” es una película que lleva el perfeccionismo de Kubrick a su máxima potencia. Con una estructura argumental minuciosa, el director es capaz de hacer que el espectador se sumerja en la historia y no pierda  el hilo de nada de lo que sucede durante ningún momento de la misma.

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Por otro lado, a nivel técnico no podemos más que alabar el excelente trabajo llevado a cabo por Kubrick y el director de fotografía John Alcott,  cuya documentación para el film le hizo estudiar con detalle los claroscuros y el tratamiento de la luz de pintores como Veermer o Rembrandt, además de utilizar una lente Zeiss 50mm de gran apertura de diafragma patentada por la NASA para simular con más veracidad el efecto de la luz natural.

La banda sonora compuesta por Leonard Rosenman nos transporta a la época victoriana con melodías suaves donde predomina el empleo de violines aportándole ese toque clásico del folklore irlandés, por otro lado cabe destacar la incursión de piezas de la música clásica como el Trio op 100 de Schubert o la Sarabande de Haendel que sirve como telón de fondo de las escenas con mayor dramatismo de la película.

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Pese a que para encarnar el papel de Edmund Barry, Kubrick pensó en primera instancia en Robert Redford finalmente fue Ryan O’Neal quien, por imposición de la productora tras su éxito arrollador con “Love Story”, encarnaría al aventurero irlandés. A pesar de que la relación entre actor y director no fue idílica debido a la falta de paciencia de Kubrick con la inutilidad de O’Neal, lo cierto es que la interpretación del actor en el papel protagonista es cuanto menos acertada ya que sabe aportar al personaje ese cariz de despiste y picardía que ira desarrollando potencialmente mientras evoluciona el metraje.

Una obra maestra

Tras haber visualizado gran parte de su filmografía, “Barry Lyndon” es, probablemente, la obra que más me ha sorprendido del siempre brillante Stanley Kubrick. Pese a ser una de las obras que más opiniones contrapuestas ha suscitado, me atrevería a afirmar que la primera película de época realizada por el cineasta roza la perfección técnica, además de narrar sentimientos presentes en el ser humano tales como la ambición, la falta de empatía y el egoísmo. Sin embargo, en mi opinión, la grandeza de “Barry Lyndon” se encuentra en la capacidad de enseñarnos que la suerte es una amiga peligrosa, cuyas aristas son difíciles de ver y  una vez que entras en su juego de doble filo es probable que nunca sepas cual será el destino que ésta te tiene preparado.

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Comentarios

  • Entretenimiento9
  • Interpretaciones9
  • Banda Sonora9
  • El Final9
  • Aspectos Técnicos9
  • 9

    Score

    Una obra maestra, en mi opinión una pieza indispensable dentro de la excelente filmografía de Stanley Kubrick. Muy recomendable


Fotógrafa y apasionada del cine


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